Concert review of Tom Hsarrell Quintet in Tomajazz (Spain)

TOM HARRELL QUINTET
VII Festival de Jazz de Peñíscola

* Fecha: 16 de julio de 2010.
* Lugar: Palau de Congressos, Peñíscola (Castellón).
* Componentes:

Tom Harrell: trompeta y fiscorno
Wayne Escoffery: saxo tenor
Danny Grissett: piano
Ugonna Okegwo: contrabajo
Johnathan Blake: batería

*
Comentario:

La presente edición del Festival de Jazz de Peñíscola sigue la trayectoria de anteriores entregas, manteniendo un saludable equilibrio entre los grandes nombres de diferentes vertientes del jazz, desde la fusión eléctrica a la faceta vocal y, por supuesto, el post-bop. En este ámbito, el programa contaba con un visitante de lujo con una formación más que asentada: el quinteto del trompetista Tom Harrell.

Quien haya visto a Harrell en directo puede llevarse una impresión un tanto engañosa. Puede parecer ausente o adoptar una postura de marioneta desmadejada mientras la banda evoluciona sobre el escenario. Tal es, en parte, el efecto de la medicación que le ayuda a vencer cada día a la esquizofrenia paranoide con la que convive desde su infancia. Pero su realidad musical es bien distinta.


Según su mujer Angela Harrell, el trompetista se encuentra en una vorágine creativa de composiciones y arreglos, trabajando en su propia visión de la música de Debussy y Ravel, así como arreglando música para voces clásicas y orquesta. Parece que a Harrell no le gusta que le crezca la hierba bajo los pies, puesto que gran parte del repertorio que desarrolló en Peñíscola con el quinteto es de nuevo cuño. Sus nuevos temas, alejados del swing y los standards, parecieron seguir la línea de sus últimos proyectos con el quinteto, apoyándose en el dominio de las melodías marca de la casa y una rítmica variada con ocasionales toques de funk elaborado sobre las que los solistas desarrollan sus discursos. Tan sólo rescató de su última grabación Roman Nights (High Note, 2010) la melodía festiva e infantil –valga la redundancia– de “Let The Children Play", el riff obstinado de “Obsession" y el propio “Roman Nights", un prodigio de sensibilidad, una melodía delicada, casi mágica por su simplicidad, que hizo aflorar las emociones gracias al sonido acariciante del fiscorno del protagonista.


Sus acompañantes funcionan como un solo hombre y constituyen su grupo de trabajo en los últimos años. El contrabajista Ugonna Okegwo lleva colaborando con Harrell más de una década y constituye la columna vertebral del quinteto junto a Danny Grissett, quien realizó un espléndido trabajo armónico al piano, convirtiéndose en ocasiones en una incisiva percusión empleando el Fender Rhodes. Completaba la base el inmenso Jonathan Blake, de cuyo tremendo swing ya disfrutamos en el grupo de Kenny Barron, y que se desenvolvió con igual soltura en las amalgamas más modernas y en el funk, haciendo gala de una espléndida capacidad de escucha y reacción de las que también participaron abundantemente sus compañeros. Completaba la formación el saxofonista Wayne Escoffery, un solista de alto nivel que constituyó el contrapeso a la trompeta en el escenario, jugando a tocar en el límite de la armonía en intervenciones exuberantes y vertiginosas.




Sus acompañantes funcionan como un solo hombre y constituyen su grupo de trabajo en los últimos años. El contrabajista Ugonna Okegwo lleva colaborando con Harrell más de una década y constituye la columna vertebral del quinteto junto a Danny Grissett, quien realizó un espléndido trabajo armónico al piano, convirtiéndose en ocasiones en una incisiva percusión empleando el Fender Rhodes. Completaba la base el inmenso Jonathan Blake, de cuyo tremendo swing ya disfrutamos en el grupo de Kenny Barron, y que se desenvolvió con igual soltura en las amalgamas más modernas y en el funk, haciendo gala de una espléndida capacidad de escucha y reacción de las que también participaron abundantemente sus compañeros. Completaba la formación el saxofonista Wayne Escoffery, un solista de alto nivel que constituyó el contrapeso a la trompeta en el escenario, jugando a tocar en el límite de la armonía en intervenciones exuberantes y vertiginosas.


Aunque en la distancia el protagonista parecía aislarse de lo que le rodeaba, si uno estaba lo bastante cerca podía percibir cómo la música le atravesaba como una corriente eléctrica, cómo Harrell, más allá de la precisión de sus entradas, más allá de su agudeza en las exposiciones de los temas, sentía cada nota que salía de los instrumentos de sus acompañantes y respondía a ellas con gestos contenidos, casi imperceptibles, a pesar de sus ojos cerrados. Su sonido sigue siendo magnífico, aterciopelado, su afinación, perfecta, su habilidad para el discurso fluido, cabal y emocionante… única.

Texto y fotos © 2010 Sergio Cabanillas




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